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LA HISTORIA COMO ARGUMENTO TURISTICO

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Convendrán conmigo en que probablemente no exista nada peor para una zona turística que el desconocimiento de su existencia. Entiendo que la promoción de un destino ha de ir mas lejos de una  simple relación de datos geográficos sobre el mismo. Ha de servir como incentivo al deseo de visitarlo mas allá de la información. Sí, estoy hablando de magia. Diferenciar el destino y aprovechar todos los recursos es indispensable para cualquier estrategia de promoción turística, si lo que pretendemos es sacar el máximo partido al dinero invertido.

Desconozco cuando, pero esta pandemia pasará y de nuevo volverá el turismo que tanto necesitamos, aunque creo que los cambios que este virus ya ha producido permanecerán en nuestra forma de entender los viajes, el ocio y en nuestra economía mucho tiempo, quizá demasiado para una parte de las empresas que por su debilidad financiera han estado mas expuestas.

Comentarles que no me gusta la frase “poner en valor”, es como quedarse a medias, prefiero la de “sacar partido”, entiendo que define mucho mejor el objetivo de  nuestro esfuerzo. Creo que la cultura, junto a la infraestructura publica y la comercial, es un recurso básico para la obtención de un buen resultado turístico, un valor que no debemos descuidar si queremos mejorar resultados de la  zona turística mediterránea.

Nuestras administraciones deben cuidar con mimo el patrimonio de todos, y el patrimonio cultural e histórico es el mas importante, por que es el que mejor nos define. No somos mas que una suma de hechos históricos, su difusión y mantenimiento conforma nuestra esencia como personas y nuestro futuro como zona turística. 

Nos queda complementar nuestros maduros valores de sol y playa con la historia y la tradición, valores de los que disponemos en abundancia, pero que desgraciadamente  duermen en los libros de historia, que nadie lee y en la memoria de nuestros mayores a los que nadie pregunta.Debemos   escribir esos libros que nos faltan, dar a conocer nuestras costumbres y buscar el patrimonio histórico que hoy duerme enterrado en una playa o en oscuros almacenes. Hasta ahora grandes y costosas campañas han intentado mejorar los resultados turísticos con un éxito al menos discutible.

Hoy a cambiado el sentido del viaje, y probablemente lo hará mas,  principalmente por la forma en que estos se hacen públicos en las redes sociales, y porque son muy útiles para elevar de manera instantánea el prestigio del viajero, sumado al afán de que el viaje se propague entre conocidos o desconocidos en una serie de imágenes… Quien hace un viaje a las islas Maldivas o a Japón adquiere más prestigio que quien lo hace a pongamos, a La Manga. Hoy los viajeros realizan miles de fotos, una serie de imágenes en las que se nos dice:  yo estoy aquí, y tú no, y en cuyo centro está solo él mismo, para que le envidien y valoren sus seguidores, haciendo “clic” en un pequeño corazoncito en la pantalla de su móvil, y de esto conviene aprovecharse. Por desgracia ese rastro fotográfico empieza a ser la única prueba de vida que nos quede cuando ya no estemos.

En el yacimiento de las Amoladeras podemos resumir con mucha mas precisión todo lo anteriormente descrito. Los miles de años de historia de este poblado Eneolítico,  junto con otros que andan dispersos en la zona de la Manga, nos están ofreciendo la posibilidad de obtener el máximo rendimiento turístico con una inversión mínima. Pueden ser lugares especiales donde hacer esas fotos que se reenvían a terceros y con esa foto también se envía la marca de La Manga, dando la imagen de cultura y de cariño al patrimonio que tanto necesitamos en estos nuevos tiempos para satisfacer la demanda del nuevo viajero.

Siempre pensé que el nuevo turismo tiene mucho que ver con el enriquecimiento personal que obtienes a cambio de tu tiempo y he de decir que en pocas ocasiones se puede aprovechar tanto.

Si pudiésemos enterrar en la arena reproducciones de los objetos encontrados y acotar una zona para que los niños los encuentren estaríamos atrayendo al nuevo turismo y reforzaríamos una afición por la cultura y la historia. Si pudiésemos vender de nuevo el “garum»  del que disfrutaron tantos de los que viajaron por esta  tierra y este mar dejando, a veces, su barco en tributo a estas aguas con tanta vida y tanta muerte, nos alejaríamos un poco de ese turismo cutre que tan bien nos define.

He de decirles que no suele ser fácil resolver nada al respecto… Nuestros  políticos son los que al final deciden lo que se hace y lo que no se hace nunca. Como no podría ser de otra manera, las decisiones que para algunos perjudican a otros les parecen una buena idea. Desgraciadamente para ser político no se exige conocimiento ni experiencia alguna, y como atributos principales suelen tener  la incompetencia y la soberbia debatiéndose entre las dos en un equilibrio curioso e  inestable, que a ojos de cualquier observador  generaría  sentimientos encontrados, entre el aprecio y la lastima.  

Si el turismo no es mas que la experiencia del viaje que podemos contar a un tercero con una sonrisa o una foto; si acertamos, y con permiso del virus, el nuevo turismo tiene que ver con lo anterior, debemos preguntarnos cuan preparados estamos para afrontarlo con éxito. 

Diego de Haro

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