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La plaza de la discordia

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– Desde que los famosos hippies de la plaza Bohemia trasladaron, muy a su pesar, sus puestos a la carretera, la plaza se ha convertido en el punto de venta ambulante más amplio y conocido de toda La Manga.

– La venta ilegal de productos falsificados puede saldarse con multas de 90 euros para los vendedores y de hasta 600 euros para los compradores.

La Manga del Mar Menor, 3 AGO 2014. Hace tres años, la coqueta plaza Bohemia se reformó. El ayuntamiento de Cartagena decidió remodelar el centro de la plaza y trasladar a los hippies, que siempre habían estado allí, a una de las carreteras que la rodean. A partir de esta iniciativa, se le dio un toque más civilizado al lugar y el espacio fue compartido por hosteleros, comerciantes y hippies. Sin embargo, un cuarto jugador ha entrado en el terreno de juego en estos últimos años, y la plaza es ocupada, cada noche de verano, por un grupo de vendedores ambulantes que controlan cada esquina de la misma. Se trata de un negocio que, si bien no está permitido por la ley, se asienta durante todo el verano sin ningún tipo de medida efectiva para erradicarlo, ya que el dispositivo de dos policías locales no parece ser suficiente para acabar con él; quizá porque los temas de inmigración corresponden, en realidad, a la policía nacional.

Ante esta situación, las reacciones de la gente están siendo muy variadas. Lástima, compasión, miedo por las pérdidas en los negocios, impotencia y perplejidad son, entre otros, los sentimientos más comunes que se dan ante tal panorama. Mientras que algunos viandantes especulan que si no quieren quitarlos es porque hay intereses detrás, los más afectados por esta actividad, dejando al margen al sector hostelero, son los comerciantes de la zona y los hippies.

Los comerciantes se están viendo muy afectados puesto que “si la gente lleva poco dinero, se lo gasta en ellos antes que en las tiendas. Nosotros lo notamos mucho porque, por ejemplo, venden bolsos como nosotros” comenta con lástima Sonia Peña, trabajadora de Tropicalia. “Me dan pena, pero si se van todos, a mí la tienda se me llena” añadía. Además, Sonia asegura que llamar a la policía no sirve de nada, puesto que cuando se van, los chicos vuelven a plantarse en la plaza. “Yo he llegado a contar hasta 22 vendedores el pasado agosto, y así la gente ni siquiera puede pasear por aquí, lo que parece es que hay un espectáculo en el centro”. Sonia subraya que la situación es muy complicada porque a la gente le dan mucha pena, y acaban apoyando al chaval antes que al policía, hasta les aplauden si consiguen escaparse.

Para Cristina Aguado, dueña de Xippy Ibiza, “estamos llegando a un punto en el que la imagen de La Manga es cada vez peor. No es solo que nos afecte o no, que sí que lo hace, pero es que estamos convirtiendo esto en turismo patera… cutre, muy cutre”. Cristina, que es dueña de dos de los negocios más conocidos de la plaza, recalca que ellos pagan sus impuestos y luchan para sacar adelante el trabajo, y sin embargo “parece que se están riendo de nosotros”. Con una pareja de policías desde las 9:30 de la noche el problema se solucionaría pero “depende de la disponibilidad que tengan, además ellos solo siguen órdenes de arriba” apunta Cristina.

La situación para los dueños de los puestos, los conocidos hippies de la plaza Bohemia, es aún peor. Mientras que antes su lugar estaba en la plaza, ahora,  tras las obras, se han bajado a la carretera. “Unas cuantas personas decidieron que no éramos dignos de la plaza y nos sacaron a la calle con todo lo que eso conlleva, es una movida si pasa cualquier cosa, puesto que la calle está cortada. Además, se nos manchan las cosas de gasolina” denunciaba Gloria Gaudioso. Ella, quien se define como la más peleona de todos y la que más está luchando por que la situación cambie, señala que si además de los 33 puestos que hay oficiales, se añaden todos los vendedores ambulantes, pueden llegar a ser hasta 70 vendiendo en la plaza. “Lo peor de todo, es que nos han sacado a nosotros de la plaza para que estén ellos ahí, como marqueses” denuncia Gloria. Además de verse afectados por la llegada masiva de estos vendedores, los dueños de los hippies ven reducido el parking donde dejan sus pertenencias cada vez que hay conciertos. “Nosotros no somos nada aquí, después de 20 años largos en la plaza, pagando nuestros impuestos, no podemos disfrutar de ella para vender” concluye Gloria.

Según fuentes informadas, para erradicar el problema solo sería necesario colocar a los policías en la entrada de la plaza y requisarles todo antes de que empezasen la jornada, aunque al final acabaría echándose todo el mundo encima. El problema es más evidente que nunca y el debate se divide entre los que tienen un negocio que mantener y aquellos que defienden a quienes ni si quiera han podido elegir en qué trabajar.

Foto: Diego Conesa.

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Sobre Carmen Navarro López

Estudiante de periodismo en la Universidad de Murcia. Apasionada del coaching y de los idiomas. “Las opiniones son libres y los hechos son sagrados” si quieres leerme, escucharme o verme, échale un vistazo a mi blog.

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